Desafiando a Beckett

Publicado por Birmingham 99 en

“Da igual, inténtalo de nuevo. Fracasa otra vez. Fracasa mejor”.

Así reza una de las citas más célebres del dramaturgo irlandés Samuel Becket. Toda una oda a la constancia que bien podría estar enmarcado y colgado en el despacho de cualquier Josef Ajram de la vida coach mediático que se precie.

Fracasar no es una virtud. No es una medalla que colgarse al cuello ni algo de lo que presumir. A nadie le gustan macharse las manos de derrota, por más que uno trate de convencerse de que lo importante es lo aprendido. Nadie compite por ser el último ni lo celebra una vez consumada la clasificación. Pero tampoco tiene por qué ser un drama. No, al menos, si se observa desde la distancia que ofrece el tiempo.

Sobre ello podríamos preguntar, sin ir más lejos a Raíllo y Lago Junior. Ambos futbolistas vivieron en sus carnes el descenso del Mallorca a Segunda División y, al igual que el resto de sus compañeros, tuvieron un buen porcentaje de culpa en ese desastre. También podríamos consultar a Martin Valjent, quien descendió el pasado curso a la Serie C con la Ternana italiana. El mismo camino que seguía Budimir cuando el Mallorca le rescato de un Crotone con el que ya descendió desde la Serie A el pasado verano. Precisamente del descenso a Segunda B se salvaron sobre la bocina Dani Rodríguez y Manolo Reina poco antes de llegar al Mallorca desde Albacete y Tarragona respectivamente. El mismo descenso que tuvo que hacer, pero directamente desde una Primera División que ya no le daba oportunidades, Salva Sevilla. Por su parte, Fran Gámez nunca había tenido una oportunidad en el fútbol profesional hasta los 27 años.

El fracaso puede tener muchas formas y motivos. Al fin y al cabo, es un término subjetivo, dado que toma como referencia las expectativas iniciales. Y, bajo esa premisa, nos podemos encontrar con que el Mallorca es un equipo construido con retales. Y eso fijándonos únicamente en el césped, porque resulta que Vicente Moreno tuvo que abandonar el Nàstic en posiciones de descenso y que la cúpula bermellona es la misma que consumó la caída a Segunda División B. A ojos de cualquiera con una visión cortoplacista, el Mallorca podría no ser más que un equipo de desarrapados tentando a la suerte.

Sin embargo, ya avisábamos antes, un fracaso no tiene por qué definir el futuro de uno. Y, en contra de las apuestas, el equipo bermellón ha formado un grupo cohesionado, esforzado y con calidad con el éxito como única meta. Pelea sin demostrarse inferior a nadie gracias en buena parte a una dirección desde el banquillo que ha sabido tejer un equipo con muy pocas fisuras.

El Mallorca, y cada uno de sus jugadores, decidió intentarlo otra vez. Pero no para fracasar mejor, si no para dar la campanada y hacer saltar las casas de apuestas. Camino están de hacerlo, a pesar del traspiés de Córdoba. Porque el fútbol siempre ofrece una oportunidad a la que aferrarse.

 

 

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*Foto: rcdmallorca.com

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